Este viernes 7 de julio se estrena en España la nueva pelÃcula de los hermanos Larrieu, âPintar o hacer el amorâ, un drama protagonizado por Sabine Azema, Daniel Auteuil, Amira Casar y Sergi López.
-¿Cómo nació âPintar o hacer el amorâ?
JM: A partir de personas reales que conocimos en provincias.
A: Compraron una casa en las colinas y se hicieron amigos del alcalde y de su mujer a pesar de que pertenecÃan a otra generación.
JM: Estábamos asombrados. VenÃan de ambientes muy diferentes. También nos intrigó observar cómo una pareja que habrÃa podido encerrarse sobre sà misma hizo todo lo contrario y se abrió al exterior. Es lo que llamamos el lado âjaponésâ de la pelÃcula, la relación con las flores, las montañas; hay una especie de contemplación activa.
-¿La observación es para ustedes una fuente de inspiración?
A: SÃ, a menudo. Una vez fuimos testigos de una escena en casa de una pintora. Un antillano profesor de filosofÃa vino a verla. La pintora estaba medio tumbada en el suelo, acariciaba a su perro. El hombre observó los cuadros y le preguntó quién los pintaba. Ella contestó que eran suyos y él le dijo que le parecÃan magnÃficos. La turbación de ambos era palpable. El personaje de Adán (Sergi López) está inspirado en parte en este hombre con un fÃsico impresionante y una forma de hablar muy elaborada.
JM: Otro elemento del personaje se debe a nuestro encuentro con Mathieu Carta, el director ciego del Festival de Cine de Lama, en Córcega.
A: No conocÃamos a ningún ciego. Tuvimos la sensación de que nos desnudaba.
-¿Empezaron entonces a reunir los elementos necesarios para la construcción del guión?
JM: Imaginamos la intriga amorosa. Se inspira en situaciones que todos conocemos, esas relaciones de amigos con fondo amoroso entre parejas, donde surgen los celos durante unas vacaciones. También usamos acontecimientos que no entendimos cuando éramos niños, en los años setenta. Por ejemplo, la idea de que pueda existir un intercambio de parejas sin ningún asomo de adulterio. QuerÃamos alejarnos del esquema tÃpico del adulterio y de la culpabilidad.
A: Hemos ido más lejos.
JM: Como una imaginación hecha realidad. No se trataba de volver atrás a las comunas de antaño. La pelÃcula no defiende el intercambio de parejas ni el regreso del espÃritu del 68; sólo plantea la fuerza del deseo a través de las generaciones. El deseo siempre está vivo.
-Después de su presentación en el último Festival de Cannes, algunos tacharon âPintar o hacer el amorâ de pelÃcula acerca de âburgueses progresâ. ¿Qué pueden decirnos al respecto?
JM: Sinceramente, no lo entendimos. Nuestros personajes no son burgueses parisienses, no son bohemios, no tienen treinta y pico años. Nos hemos inspirado en la pequeña burguesÃa de provincias que no tiene nada de âprogreâ. Quizá se deba al tema. Ya habÃamos tocado el tema de la libertad sexual en âFin d'étéâ, pero nadie nos los reprochó. Tampoco se acusó a Luis Buñuel de hacer pelÃculas burguesas cuando escenificaba a la alta burguesÃa.
A: Nuestros personajes son lo que aparentan, pero la pelÃcula no es lo que aparenta.
JM: Al principio son unos carcas, pero se van soltando a medida que avanza la pelÃcula. Desde luego, no tienen ni la cultura, ni la clase social de la pareja del universo de âEyes Wide Shutâ, donde se juega con la unión de sexo, dinero y poder. Nos interesaba retratar a unos personajes estrechos, no muy interesantes, y sacarlos de su ambiente. Gente que parece no hacer nada, pero que, de una forma casi inocente, sin inclinaciones intelectuales, se lanza a lo desconocido.
-Sin sentimientos de culpabilidad...
JM: La mayor provocación de âPintar o hacer el amorâ era mostrar a gente feliz. Han trabajado duro toda su vida, tienen unos ahorros y no se sienten culpables. Para algunos, el gran pecado es la falta de culpabilidad. Como si la gente que se está bien consigo misma debiese sentirse culpable.
A: Enseñamos a una pareja sin miedos y sin reproches.
-Se ha dicho de Pintar o hacer el amor que es una pelÃcula a lo âRenoirâ, ¿reivindican esta filiación?
JM: Es uno de nuestros cineastas favoritos. Renoir tiene conocimientos sociales que quizá alcancemos algún dÃa. Si nuestro cine recuerda al suyo, quizá no sea por la pelÃcula propiamente dicha, sino por la idea de que ante todo existe el personaje. El personaje siempre tiene razón, por encima de la historia, por encima de cualquier lógica que no sea la suya.
A: El personaje y, por lo tanto, el actor. Dejamos un gran margen de libertad a los actores a pesar de trabajar esta libertad.
-Y por último, ¿por qué escogieron este tÃtulo?
JM: Quizá porque significa algo sobre el sentido de la vida. Para algunos, âpintarâ significa trabajar. El arte estarÃa en hacer el amor; el trabajo, en pintar. Y volvemos a retomar la cuestión central de la pelÃcula: Cuando la vida social, basada en ganar dinero, se acaba, ¿qué nos queda? El hombre de Lascaux y Gauguin quizá se plantearan la misma pregunta. Sólo es una hipótesis.
A: Lo que sà puedo decirle es que, durante el rodaje, de tanto pintar, acabábamos borrachos de amor.
