Miguel Ãngel Silvestre ha encarrilado una excelente carrera cinematográfica. El pasado viernes se estrenaba "La distancia", en la que asume su primer papel protagonista, dando la réplica, ni más ni menos, que a José Coronado y Federico Luppi.
-La carrera de actor se construye papel a papel. ¿Cuál es la lección más importante que has aprendido?
Interpretativamente de cada pelÃcula te van quedando cosas, vas aprendiendo y, luego, también ves tu trabajo. Una cosa que a mà me parece que es lo que mejor me funciona: cuando le das prioridad al otro y lo escuchas, estando relajado, las cosas salen mejor, de otro sitio, te toca todavÃa más el corazón. Al final, es eso, relajarte y escuchar al otro. Cuando puedes compartir una secuencia con Federico Luppi, LluÃs Homar, Belén López o José Coronado, con mirarlos y escucharlos te dan mucho.
-¿Te asustaba tu primer papel protagonista en "La distancia"?
Nunca me asustó, lo miré siempre con mucha ilusión. Creo que no me asustó porque nunca fui consciente de lo que era. Y de eso se encargo Iñaki, de poner un escudo ante toda la presión de un rodaje. Siempre luché para ir hacia delante. Pero, la verdad, tuve muchos momentos de flaqueza, de decir "no voy a llegar con el boxeo", "no son suficientes horas", "no tengo tiempo para hacer lo convincente". Me daba miedo, pero era todo tan avanzado que, al final, miro el resultado y estoy contento. Si que es verdad que, por ejemplo, me daba más miedo aparentar 30 años cuando yo tenÃa 22.
-¿Cómo preparaste este personaje?
Estaban los factores fÃsicos para el tema de la edad, dejarme barba, coger diez kilos de masa muscular, agravar la voz, bajar los tonos hablando... Además, en mi personaje, debÃa haber un poso de tristeza, de dolor de una persona de 30 años, que le ha machacado la vida. Eso lo hicimos con Iñaki, escribiendo, haciendo un trabajo de mesa muy importante, hablando del personaje, de su pasado, y poco a poco me iba metiendo en la espalda ese dolor. Luego, el tema del boxeo, familiarizase con un deporte relacionado con el dolor, de contacto, difÃcil, que yo nunca habÃa practicado. Pero, al final me ha traÃdo muchas cosas. El boxeo tiene esa metáfora. La vida está llena de golpes duros, de momentos difÃciles, de perdidas, en los que hay que vagar solo. Llevo viviendo solo desde los trece años y ante cualquier momento difÃcil ha estado siempre mi familia y mis amigos. Pero, ante un golpe, el dolor es la máxima soledad. Estás solo y aun más encima de un "ring". El final te das cuenta que en la vida hay mucha situaciones asÃ. Eso me ayudó y me hizo aprender muchÃsimo.
-¿Cómo es rodar con dos maestros como José Coronado y Federico Luppi?
Fueron muy generosos conmigo. La verdad, Federico me dio 20 mil millones de consejos, igual que José. Pero, además, de aprender, se disfruta muchÃsimo. No es lo mismo que te de la replica una persona que acaba de empezar que unos monstruos de la interpretación, que llevan toda la vida y, además, tienen el arte en las venas.
-Trabajar con Belén López, tu compañera en "Motivos Personales", ¿te facilitó las cosas?
La conocÃa de bastidores y por el tema de maquillaje, pero no compartà con ella una secuencia en "Motivos Personales". Pero, Belén es un ser maravilloso. Tiene todos los adjetivos maravillosos que le puedas poner a una persona. Es una mujer transparente, que te ofrece su alma. Ya desde los ensayos nos fuimos conociendo. Al final, todas las escenas que se suponÃa que tenÃan que tener más pudor, ya no solo por la desnudez fÃsica sino también por la emocional del momento de los personajes, las vivà como si estuviera en casa.
-¿Qué ha significado en tu carrera la llamada de Tabernero para ofrecerte un papel en "Vida y Color"?
Acariciar por primera vez un sueño, que no cumplà con el tenis. Siempre quise ser tenista profesional. Fue un sueño que no conseguÃ. Aparte de la lesión, me di cuenta que tampoco iba a conseguir las expectativas que yo querÃa. Se me fue un sueño que creó un gran vacÃo. Lo intente llenar estudiando fisioterapia, pero tampoco era lo que me hacÃa feliz. Y por fin encuentro algo cuando estudio interpretación que ocupa el vacÃo del tenis y me ofrece toda la ilusión que me daba el deporte. Cuando me doy cuenta de eso, me llama Santiago para hacer un personaje. Me dije: "ahora tengo un sueño en mis manos y voy a acariciarlo"
-De boxeador a enfermo terminal en tu última pelÃcula, pendiente de estreno. ¿No te asustan los retos?
No. De hecho, creo que más que actor de vocación, soy actor de retos. Me gusta que me pongan un reto, un sueño, que me cargue de ilusiones. Cuando tienes una historia como esta y un director como Iñaki, lo único que puedes tener es ilusión. Para mÃ, es muy importante poner el alma en el proyecto.
-¿Qué personaje te gustarÃa hacer algún dÃa?
Me motivan los trabajos que escojo. He descubierto que quiero ser actor porque me gusta aprender las historias de mi personaje y que la gente aprenda también de ellas. Yo siempre cuento una anécdota. Cuando salà del cine de ver "Princesas", llamé a unos de mis mejores amigos que hacia dos años que no hablaba porque habÃamos discutido. Eso es lo bonito del cine español, que te cuenta historias que te hacen reflexionar y aprender. A partir de esta pelÃcula lo que hago es elegir proyectos que me hagan aprender al máximo. Pero, personajes que me gustarÃa hacer, hay muchos. Me encantarÃa hacer un capo de la cocaÃna, un mafioso. Siempre pongo el personaje de Al Pacino, en la pelÃcula de Brian de Palma, de Carlito Brigante en "Atrapado por su pasado". Ese es el personaje que me gustarÃa hacer a mÃ.
