El director israelí Amos Gitai, estrena en España “Zona libre”, su más reciente producción que llega a nuestras pantallas tras su paso por el Festival de Cannes 2005.
-¿Existe realmente la Zona libre a la que hace referencia en el filme?
Sí, hay un lugar al este de Jordania que es una zona franca sin aduana ni impuestos. Los habitantes de los países vecinos, de Irak, Egipto, Siria e Israel van para comprar coches. Me interesan estas bolsas de libertad en las que gente de países y orígenes diversos se conocen y hacen cosas juntos. Esto me fascina: observar cómo la gente de la zona entra en contacto a través actividades cotidianas y no gracias a gestos políticos. Los políticos no han dejado de desilusionarnos. Ahora es necesario empezar a partir de pequeños detalles y quizá con ellos podamos cambiar algo. Comprar un coche, arreglarlo, preparar la comida, compartirla, contarse una historia... Me interesan las zonas de libertad donde se puedan tener lugar estos gestos.
-Las fronteras tienen un papel importante en la película...
En Oriente Próximo, las fronteras son un auténtico problema. Hay fronteras físicas, fronteras políticas, pero cualquier frontera implica una barrera mental. Es un tema que me apasiona. ¿Quién y qué cruza esas fronteras? ¿Cómo? Mi anterior película, “Tierra prometida”, hablaba del tráfico de mujeres en la frontera entre Egipto e Israel. En “Zona libre” se trata de que un coche cruce la frontera entre Israel y Jordania.
-Ha escogido una forma original para contar la historia...
La película empieza en Jerusalén, delante del Muro de las Lamentaciones, que en realidad son los restos de un recinto sagrado de un antiguo templo destruido por los romanos. Una mujer joven, Rebecca, está sentada en el asiento trasero de un taxi que conduce Hanna. Aún no sabemos adónde van ni quiénes son, pero aquí comienza la historia. Para que el espectador vea sus recuerdos y descubra el porqué están juntas, superpongo varios estratos de imágenes. A veces, hasta ocho a la vez. Me apetecía insertar fragmentos de recuerdos no sincronizados en una historia. Seguimos a Hanna y a Rebecca camino de la Free Zone, pero el viaje está lleno de recuerdos y de alusiones a las razones que las ha reunido en esa bolsa móvil que es el coche.
-¿Escribió el papel de Rebecca para Natalie Portman?
El guión sufrió diversas transformaciones. En la primera, eran dos hombres y una mujer. Luego decidí que serían tres mujeres. Cuando Natalie Portman aceptó participar en el proyecto, hablamos y me entraron ganas de incluir elementos de su biografía en la historia. Pensé que podría ser interesante tener su punto de vista, verlo a través de sus ojos, escuchar su modo de entenderlo y de interpretarlo. Contrario al personaje, tanto el padre como la madre de la actriz son judíos. Pero tengo la impresión de que, como su personaje, intenta entender el mundo en el que vive. También creo que para ella, el cine representa una forma de explorar y entender el mundo. Lo mismo me pasa a mí.
-¿Por qué escogió a tres mujeres para los personajes principales?
Los generales, los militares son hombres. Ellos son los jefes de Estado, exceptuando a Golda Meir. Ya se ve el resultado: la región está en guerra. Sería mucho más interesante que las mujeres tuviesen el poder. El conflicto sería más real, con una visión más humanista. Tampoco quiero idealizar a las mujeres, hay mujeres capaces de matar. No me considero racista ni sexista. Creo que todos tenemos la capacidad de ser ángeles o monstruos. Pero hoy en día, y dado que las mujeres todavía deben enfrentarse a actitudes sexistas, se convierten en los agentes del cambio. No tiene nada que ver con el ADN, es por el lugar que ocupan en la sociedad. Hasta ahora no han podido beneficiarse de una auténtica libertad. Es posible que el hecho de no estar en el poder les confiera una mirada crítica sobre la situación. Las mujeres pueden ser los agentes del cambio, pero deben asumir su papel, y no es nada fácil.
-Es la primera vez que rueda en Jordania...
Es la primera vez que se rueda una película israelí en Jordania con la cooperación de la Comisión Real de Cinematografía. No hay acuerdos de coproducción entre los dos países, pero los jordanos nos ayudaron para el rodaje. Fueron muy abiertos y cooperaron con nosotros, incluso cuando les expliqué que quería rodar en una estación de servicio y en la Free Zone en vez de un lugar turístico como Petra. En ningún momento intentaron cambiar el guión y pusieron a nuestra disposición todo lo que necesitábamos. Está claro que al principio, había cierta fricción entre los dos equipos, pero se disipó muy pronto. Al cabo de unas horas, las relaciones eran muy afectuosas. Creo que el rodaje de esta película es un buen ejemplo de cómo se pueden traspasar las fronteras políticas. Fue una gran experiencia.
